Si Grondona estuviese vivo no habría ni VAR en el fútbol, ni Mundial en Qatar

Se cumplieron ocho años de la muerte de Julio Humberto Grondona (FotoBaires)

Evoco a Grondona tras ocho largos años de ausencia y no puedo evitar la sensación que genera la mixtura entre lo fehaciente y lo imaginable. Hasta su muerte están los hechos objetivos que marcaron su trayectoria –más de 50 años– entre la AFA, la Conmebol y la FIFA. Y tras su desaparición quedaron definiciones y doctrinas que nos permiten afirmar cuál hubiese sido su posición sobre algunos de los hechos que conmovieron al fútbol.

La noche previa a su muerte lo noté desencajado y peculiarmente nervioso. Preveía un futuro viaje a Zurich para recriminarle a Jerome Valcke –por entonces secretario de la FIFA– la “desaparición“ de 8.000 entradas para el encuentro final ante Alemania que le correspondían a la AFA luego de la catastrófica eliminación de Brasil en semifinales. Esos tickets tuvieron destino de reventa oficial a cargo de alguna empresa vinculada a alguien de la FIFA; Grondona creía conocer a tal persona (¿el propio Valcke?) y por lo tanto habría de cesantearlo una vez constituido en Zurich.

Pero aunque esto lo indignó y se sumaba a la amargura de la derrota en la final, su más firme esperanza de vida, la agenda del entonces presidente de la AFA tenía tres temas prioritarios a tratar. Y ellos eran:

1) Evitar que Qatar organice el Campeonato Mundial de 2022 y que en su lugar se designe a los Estados Unidos como sede principal con opción voluntaria de compartir con países vecinos como Canadá y/o México.

2) Impedir lo que hoy se conoce como VAR , herramienta tecnológica de apoyo hacia la “justicia absoluta” en el juego.

3) Dar por finalizada la tarea investigativa de los agentes contratados al FBI pues el fiscal Michael García ya tenía suficientes elementos –habían declarado todos, Grondona incluido– para presentar su famoso informe, que la FIFA nunca dio a conocer de manera completa y oficial.

Julio Grondona no estaba de acuerdo con realizar el Mundial en Qatar (Foto: Reuters)
Julio Grondona no estaba de acuerdo con realizar el Mundial en Qatar (Foto: Reuters)

Quien haya hablado con Grondona en los últimos meses de su vida sabe lo que éste pensaba respecto de Qatar. Jamás le negó a nadie su opinión respecto de la compra de votos ––cuanto menos 3 de África, 3 de Asia, 1 de Concacaf y 1 de Oceanía, decía– que inclinaron la elegibilidad de la sede. Por cierto que no sería USA el país organizador tal como Blatter se lo había asegurado personalmente al presidente Clinton en el 2010, cuando éste ya estaba al frente del Comité Organizador. Grondona participó de ese compromiso y quiso honrarlo, argumentando: “Hay mil razones para que Qatar pueda esperar, pero además y sobre todo –le decía a los miembros de la FIFA– no le podemos dar la organización de un mundial a un país que no le permite la entrada a las mujeres, a los gays y a los judíos“.

Es así que su plan era reunir al Comité Ejecutivo de la FIFA en septiembre de 2014 para explicarles las dificultades políticas y lo inoportuno que resultaría jugar una Copa del Mundo en Qatar; país que por su temperatura ambiente en el verano –mas de 44°– obligaba a que se modificasen todos los calendarios del fútbol mundial. Cosa que insólitamente terminó ocurriendo. Tampoco le gustaba lo de Rusia pero lo admitía porque esa federación tenía trayectoria mundialista. Y aunque Putin –el gran impulsor– no gozaba de su simpatía, la habilidad política de Grondona lo inducía a una negociación. Y repetía: “Yo se que Putin no es trigo limpio, que apretó y hasta compró algunos votos, pero no podés negar que Rusia es un país futbolero, en cambio Qatar…”.

Su visión proyectada al futuro era que el dinero que los rusos habían puesto en el fútbol –especialmente comprando clubes de la Premier League– y la inversión de los árabes en diferentes países –puntualmente en Francia, PSG, por caso– tenían procedencia dudosa y podrían servir al espurio fin de lavar dinero. Grondona afirmaba esto diez años atrás. Más contundente aún fue su aséptica relación con los miembros del comité organizador de Rusia 2018 y su desistencia a una gentileza del presidente Putin en marzo de 2014 quien lo invitaba a Blatter y a él a una visita de honor al Kremlin. Fue cuando Grondona le dijo a Blatter, quien ya había dado el sí: “Ni se te ocurra ir, mirá que te van a usar, hay mucha guita rusa puesta en el fútbol sospechosamente y después del 18′ se van a descubrir muchas cosas, no es trigo limpio. ¿O vos sos tan boludo de creer que solo los qataríes compraron votos?; ¿cómo te pensás que sacaron más votos que Inglaterra…?”. Y el final de su discurso personal con Blatter fue el siguiente: “Si Putin o los rusos quieren algo de nosotros que vengan a Zurich… ni en pedo vayamos a Moscú”. La percepción de Grondona fue acertada pues ya vemos que el dinero ruso no puede operar ahora con los clubes de Inglaterra y probablemente luego del Mundial de Qatar haya una investigación en Francia tutelada por el cumplimiento del Fair Play Financiero.

Aquel veterano y hábil dirigente prefería la acción social de los clubes sobre el actual rol de productoras de contenidos y sospechaba del dinero obsceno de los emires, príncipes, magnates del petróleo, del gas, de jeques y otros oligarcas rusos –él los llamaba “garcas rusos”– que ingresaban a los bancos europeos para comprar clubes. Y se preguntaba con ironía sobre Qatar: “Che, ¿estos que tienen tanta guita, no venderán armas, no…?”.

Respecto de incorporar la tecnología al fútbol, lo que ahora es una realidad llamada VAR. Don Julio sostenía una opinión adversa y contundente. Y decía: “Si vos pones lo que muestran las cámaras –VAR– los directores te van a manejar los resultados de los partidos; una foto antes o una foto detenida un instante después te cambia el sentido de la jugada. Además, agregaba: “Te lo deshumaniza y acordate –solía decirnos respecto de lo que hoy es el VAR– traerá la corrupción de las apuestas. Vas a ver –enfatizaba– como se van a arreglar partidos y cuanto más tarde en la decisión el referí, más apuestas habrá en todo el mundo porque la gente va a apostar millones y millones de dólares a la decisión final del pito cuando lo llamen… No sirve la tecnología en el fútbol, es pa’ quilombo. Esto no es tenis donde la cámara solo debe mostrar una sola cosa: si la pelota tocó o no tocó la línea; el fútbol es más complejo y siempre decidirán los árbitros pues la “interpretación” será inamovible. ¿Querés bajar el error al mínimo? Agregá jueces detrás de los arcos, meté un chip para saber si la pelota entro o no entró completamente… pero larguen con eso de ir a buscar con lupa lo que pasó antes del inicio de la jugada porque van a desnaturalizar el juego, nos vamos a perder de ver el fútbol que jugamos y conocimos”.

Finalmente, Grondona confesaba: “A Blatter le venden todas estas ideas del FBI, de la tecnología, de la perfección y de la transparencia porque es suizo, es cagón y nunca jugó al fútbol. Como le hubiese servido ir a ver un partido al Viaducto, a la cancha de Victoriano (Arenas) o a la de Lafe (Deportivo Laferrere)…”, repetía

Respecto del Informe García –quien le costaba a la FIFA 1.700.000 dólares por año solo de honorarios– Grondona le había anticipado a Blatter: “Mirá que la única manera de que éste muestre su eficiencia va a ser meterte en cana a vos y a un par de giles…”. Fueron más de un par –exactamente 41– pero todos latinoamericanos.

Julio Grondona y Joseph Blatter durante un evento de la FIFA en Hungría en el 2012 (Foto: Getty Images)
Julio Grondona y Joseph Blatter durante un evento de la FIFA en Hungría en el 2012 (Foto: Getty Images)

Estos son algunas de las cuestiones fehacientes, fácilmente demostrables. Luego están aquellas otras que nos permiten suponer trasladando los hechos a los momentos y con él presente ejerciendo su inteligencia y su poder. Es entonces cuando imaginamos estas otras cosas con Grondona vivo:

El presidente de la FIFA hubiese sido Michel Platini tal lo arreglado en el Congreso de la FIFA de San Pablo en 2014. Y Blatter sería el primer Presidente Honorario. Esto hubiese evitado el contubernio entre uno y otro a través de un “préstamo de FIFA a UEFA por 2 millones de dólares” que terminó con una sanción para cada uno. Y aunque la Justicia de Suiza acaba de redimirlos, quedaron fuera del juego y del sistema. Don Julio, seguramente, habría evitado esta situación pues fue a él a quien Platini le pidió ser candidato a la presidencia de FIFA.

— El Mundial 2022 ya se habría jugado en los Estados Unidos con o sin sedes acompañantes.

— No se hubiera creado la Fundación FIFA –a cargo de Mauricio Macri– pues la definición de la FIFA estatutaria y legalmente es –o era– el de una asociación civil sin fines de lucro. O sea que debe distribuir sus ingresos “per se” entre sus 211 federaciones miembros y rendir cuentas bajo la legislación suiza. Por lo tanto su creación carece de sentido y mucho más si se le encomendaren funciones como las de vender entradas para un Mundial o los denominados “paquetes hospitality”, que incluyen un servicio completo durante la Copa del Mundo: entradas, traslados, alojamientos, caterings de entretiempos, visitas, etc.

— Bajo ningún concepto Jorge Sampaoli hubiese sido designado Director Técnico de la Selección Nacional para el Mundial 2018.

— La Conmebol no le habría conferido jamás la dirección arbitral a ningún brasileño.

— No se hubiese creado la Liga Profesional pues no existían razones objetivas que lo demandaran; el fútbol de la Primera División nunca habría salido de la AFA siendo Grondona presidente.

— “Futbol para Todos” habría cumplido su contrato al que le quedaban aún dos años a menos que una asamblea claramente direccionada por él hubiese aprobado una nueva negociación con ostensibles mejoras económicas para los clubes. Pero tal hipótesis no se hubiese concretado nunca antes de 2017.

River y Boca no hubiesen trasladado su partido final por la Libertadores al Bernabéu de Madrid; habría sido insoportablemente vergonzoso para Don Julio permitir que ese partido –el más importante en la historia de las dos instituciones– se jugara fuera de la Argentina.

Por último:

Grondona se hubiese valido de toda su influencia, conocimientos y poder para liberar a Maradona de su encubierto “cautiverio”. Don Julio amaba a Diego. Siempre decía que había llegado hasta la FIFA gracias a él, a su condición de mejor jugador de fútbol del mundo. Y a la vez aceptaba que lo criticara pues Grondona representaba el poder y la naturaleza de Maradona era oponerse a ese y a cualquier otro poder. Pero se respetaban y se apreciaban. Tanto fue así que Grondona fue invitado al casamiento de Diego y acaso por él bailó la música del carnaval carioca con pitos y matracas. A su vez fue quien lo hizo retornar al seleccionado como jugador tras 15 meses de sanción por doping y 15 años después –en el 2008– le entregó lo que Don Julio más quería en el fútbol: la dirección técnica del seleccionado nacional para el Mundial de Sudáfrica 2010. Si hubiese vivido no habría permitido que bajo la mácula de una dirección técnica se usufructuara la imagen ya abandónica de un Diego transformado en el espectro final de su agonía.

… Ah si Grondona lo hubiese visto aquella tarde despiadada ingresar al campo de Gimnasia y Esgrima sostenido de los brazos por amigos para recibir en la mitad del campo inoportunos trofeos o algo así. Una excusa. Y después llevarlo hasta un sillón ostentoso con tal de que se vieran en su ropa las marcas publicitarias para cumplir con contratos firmados por otros. Cuánto dolor… lo exprimieron hasta el final, hasta ser una mueca del espanto.

No estoy seguro, pero intuyo que Grondona hubiese parado esa locura. Habría hablado con Claudia primero –a quien quería mucho al igual que a sus hijas mayores Dalma y Gianinna, a quienes vio nacer– y también con los buenos amigos de Gimnasia y Esgrima La Plata para saber quiénes eran los captores, aquellos que lo blindaban, los que se ocupaban de su salud, los que le impedían el contacto hasta con los viejos compañeros, custodiado por agentes del Servicio Penitenciario Nacional.

La última imagen de Diego Maradona en la cancha de Gimnasia (Foto: Reuters)
La última imagen de Diego Maradona en la cancha de Gimnasia (Foto: Reuters)

Tal vez hoy –un sueño– Diego estaría trabajando para la FIFA, haría el Mundial para algún canal de televisión del mundo, sería huésped de honor –como correspondía- de la familia real de Qatar y habría recobrado aquella fresca sonrisa que le generaba respirar el fútbol.

Siempre pienso que hubiésemos podido disfrutarlo mucho más y con la salud recuperada. E imagino a alguien poderoso e invisible, capaz de negociar o actuar ante cualquiera, trasmitiéndole a los “secuestradores” una frase que es un mundo: “Le haré una oferta que no podrá rechazar” .

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