Roger Federer, el Maestro del tenis

Si bien el debate sobre el mejor jugador de la historia no pone de acuerdo a todo el mundo, lo que si es unánime es considerar, por palmarés, juego brillante, elegancia y carisma, a Roger Federer como el Maestro del tenis.

Existieron ‘Pistol Pete’ (Sampras), el ‘chico de Las Vegas’ (Andre Agassi), el ‘Toro de Manacor’ (Rafael Nadal)… y todos se han inclinado ante el Maestro. En la pista y después cuando anunció su retirada.

“Hola Roger, soy ‘Pistol’. Cuando nos enfrentamos por primera vez, tú solo tenías 19 años. Tuvimos una gran batalla en la Central de Wimbledon y me ganaste en cinco sets”, recordó en un mensaje Sampras, cuyas apariciones públicas son extremadamente raras desde que abandonó el circuito en 2002, pero que publicó un vídeo en las redes sociales cuando se anunció el adiós del suizo.

“Tú juego y su espíritu nos han enseñado a qué punto el juego del tenis puede ser bello. Gracias RF”, destacó.

“Es uno de los jugadores, sino el jugador, más importante de mi carrera”, admitió Nadal, poseedor del récord de títulos de Grand Slam (22), antes de jugar el viernes por la noche el doble junto a Roger Federer, que se quedó en 20 ‘grandes’, superado también por Novak Djokovic (21).

Pero en los corazones de muchos aficionados, Federer será para siempre el número 1. En Wimbledon, su torneo preferido y que ganó ocho veces, pero también en Roland Garros, donde el público quedó aliviado cuando le vio completar al fin el Grand Slam en 2009, y en todos los torneos donde los fans le apoyan incondicionalmente.

Federer concentra todos los atributos del campeón ideal, pero sobre todo, tenía un estilo de juego incomparable, por estético, ofensivo, entusiasta y elegante.

“Hay gente que ha seguido el tenis sin gustarle el tenis, solo por ver a Federer”, destacó el exnúmero 1 suizo Marc Rosset.

La oposición de estilos con Nadal convirtió la rivalidad entre ambos en leyenda, a lo que se unió una amistad poco habitual en el deporte de alto nivel.

– “Perfecto”, según Nadal –

“Tiene un servicio perfecto, una volea perfecta, una derecha más que perfecta, un revés perfecto (a una mano); es muy rápido, todo en él es perfecto”, resume Nadal.

Fuera de las pistas, el suizo es también una especie de yerno ideal: enamorado desde hace más de dos décadas de la misma mujer, Mirka Vavrinec, una antigua jugadora de tenis de origen eslovaco que conoció durante los Juegos de Sídney-2000, padre entregado a sus cuatro hijos (dos gemelas y dos gemelos), comprometido con causas caritativas, sobre todo en Sudáfrica, el país originario de su madre, el respeto y la consideración al amigo del golfista Tiger Woods es casi unánime.

Incluso entre aquellos a los que martirizó en las canchas. “Me hubiese gustado odiarte, pero eres demasiado simpático”, le espetó Andy Roddick tras perder con el suizo una final de Wimbledon.

A Federer siempre le ha gustado “dar la imagen de alguien de bien”, al punto de cuidar su comunicación durante las interminables sesiones de entrevistas que ha acordado durante su carrera en las cuatro lenguas que habla (suizo, alemán, inglés y francés).

Su palmarés es gigantesco. A los 20 títulos de Grand Slam hay que añadir seis Masters (récord), una Copa Davis, una medalla de oro olímpica (en dobles junto a Stan Wawrinka), siendo el oro en individuales el único gran trofeo que le falta. En total ganó 103 torneos ATP y pasó 310 semanas en el número 1, un récord que Djokovic llevó después a las 373 semanas.

Cierto es que rápidamente descubrieron el talento en un niño nacido en Basilea en 1981, pero ese “diamante en bruto por pulir”, según sus propias palabras, tuvo que reprimir un carácter rebelde e impetuoso que le llevaba a romper la raqueta cuando las cosas no le salían como deseaba.

– Madurez tardía –

Por esa razón tuvo que esperar a su sexto año como profesional para levantar su primer gran trofeo, el de Wimbledon en 2003, con casi 23 años.

Ese fue el inicio de un festín de títulos de Grand Slam: once de 16 posibles entre 2004 a 2007. Sus rivales entonces, con Lleyton Hewitt y Andy Roddick en cabeza, quedaron aplastados.

Solo la irrupción de nuevos jugadores como Nadal y Djokovic cambió esa dinámica, aunque Federer continuó ganando y la leyenda se fue construyendo con partidos épicos, como las dos finales de Wimbledon de 2007 (ganada) y 2008 (perdida) contra el español.

Aunque algunos vieron el principio del fin en 2011, Federer se marcó un regreso extraordinario en 2017 y 2018, añadiendo otros tres títulos a su colección de Grand Slam para acabar con ocho Wimbledon, seis Abiertos de Australia, cinco US Open y un Roland-Garros.

Con un físico aparentemente ordinario (1,85 m), pero dotado de una velocidad y una resistencia excepcionales, tuvo la ventaja de no lesionarse prácticamente nunca hasta que superó los 35 años, cuando se sometió a una primera operación de rodilla en 2016, después de haberse hecho daño… dando un baño a sus hijas.

Con una inagotable sed de victorias, se aceró a los récords de longevidad (su último Grand Slam, en Australia, le convirtió en el segundo tenista de más edad en ganar un grande por detrás de Ken Rosewall), cuando su maltrecha rodilla le ha obligado a poner punto final a su fabulosa epopeya a sus 41 años y con más de 1.500 partidos disputados a lo largo de 24 años de carrera.

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