¿Quién es Ben Shelton, la gran promesa del tenis de USA?

Ben Shelton estaba destinado a empuñar una raqueta de tenis. Olvídense del baloncesto (a pesar de su imponente físico y altura), del béisbol o del fútbol americano. Cuando respiras tenis desde el momento en el que naces, la vida moldea tu camino en torno a esa pelotita redonda y verde. Hace casi 20 años surgió en Atlanta, Georgia un tenista con capacidad de aniquilar la pelota. Con un carácter indomable, con una mentalidad de acero y con un físico moldeado para los tiempos que corren. Añádenle el factor diferencial de ser zurdo y un saque con denominación de origen: el de Bryan Shelton, su padre, mentor y exjugador profesional. Bryan ganó dos títulos y llegó a octavos de Wimbledon… pero su hijo quiere superarle.

Y quiere hacerlo en una época donde el país de las barras y las estrellas necesita ídolos, espejos para los jóvenes que parecen haber dejado de lado el tenis. Mientras otros deportes de raqueta (si es que el pickleball se puede considerar tal…) amenazan con dejar atrás al tenis, la próxima esperanza del tenis yankee juega para la Universidad de Florida. Es Gator, igual que su padre (que entrenó hasta 2012 en Georgia Tech, pero que lleva varios años al mando de uno de los programas más espectaculares de todo el país) y es el último campeón en individuales de la NCAA. El año pasado, en apenas su segundo año universitario, firmó un balance de 37-5. Solo ha necesitado dos temporadas para demostrar que está muy por delante de otros proyectos, que su techo se esconde más allá de lo que el college puede ofrecerle.

El dilema de continuar en la universidad es algo que marcará los próximos meses para Ben Shelton, pero permítanme antes de ahondar en ello explicar, a grosso modo, por qué se está convirtiendo en la gran revelación del tenis norteamericano. En un corto periodo de tiempo (aprovechando el verano, momento en el que no hay curso académico), Shelton ha llegado a la final de dos torneos Challenger, dejando por el camino a nombres establecidos en el circuito ATP, como Jordan Thompson o Lorenzo Sonego. Frente al italiano firmó ayer su primera victoria en Masters 1000, en el ATP Cincinnati 2022, pero antes ya había debutado con triunfo en Atlanta. Al lado de las pistas en las que creció, Shelton a punto estuvo de derrotar a John Isner (cedió en el tie-break del tercer set).

Hubiese sido un resultado simbólico, un cambio generacional en suelo patrio. Pero Ben no tiene prisa; tiene hambre. Hambre por demostrar de qué está hecho: su próxima parada será el US Open 2022, donde jugará gracias a ser el campeón universitario. El botín monetario es jugoso, pero solo podrá acceder a él si decide dejar de lado la universidad y convertirse en profesional. La responsabilidad es alta: ya sabe lo que es tocar la gloria vistiendo la camiseta de los Gators, pero la influencia de su padre y el hecho de que aún le quedan dos años de formación pesan sobre la cabeza de un tipo capaz de codearse con la élite del circuito. Solo en unos meses sabremos cuál es su decisión: postergar su salto al profesionalismo, eso sí, parecería retrasar lo inevitable.

“SOLO SOY UN TIPO UNIVERSITARIO QUE SE DIVIERTE”

Porque Ben Shelton es puro rock and roll, electricidad pura sobre una pista de tenis. Su saque es explosivo y le permite dominar los puntos desde el principio, además de ser capaz de variarlo muy bien (su kick es muy efectivo, su plano a la T no se queda corto en cuanto a velocidad). Su derecha es su mayor arma desde el fondo de la pista: genera buenos ángulos, le corre una barbaridad y es bastante versátil, sobre todo en vistas de su envergadura. Su revés no es una laguna, si bien quizás aún llegue fuera de timing a muchas pelotas cuando se desplaza por ese lado: quizás la coordinación y la velocidad sean aspectos a mejorar, pero su explosividad y su capacidad para mantenerse firme en momentos importantes compensan en muchas ocasiones esos defectos.

Su mentalidad, de hecho, es una de los puntos fuertes por los que Ben ha firmado tan buenos resultados este vernao. Juega muy bien los puntos importantes, en parte por el enfoque que tiene hacia el tenis: desenfadado, sin presión, sabedor de que su formación, si él quiere, aún no ha terminado. Simplemente soy un tipo universitario que sale a la pista y se lo pasa bien. No me estreso demasiado por cada partido. Me centro y quiero dar lo mejor de mí, pero no me lo tomo como algo a vida o muerte”, afirma convencido un Shelton que ve cómo el foco empieza a recaer, poco a poco, sobre él. Esa sería la gran ventaja de continuar en la NCAA: evitar la presión y la responsabilidad que la prensa coloca sobre los hombros de cada promesa estadounidense.

Una bestia competitiva a nivel universitario, un físico explosivo y una mentalidad de hielo en momentos importantes. Elementos que caracterizan a un tipo que promete colarse de lleno en la élite del tenis mundial. ¿Lo hará en dos, tres, cuatro o cinco años? No lo sabemos y realmente solo depende de él… pero, mientras tanto, apunten bien su nombre. Ya es top-200 sin haber firmado una sola temporada completa como profesional. Porque quemar etapas es algo a lo que las grandes joyas se han acostumbrado… y Ben Shelton es una de ellas.

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