Paren el reloj en el fútbol de una puñetera vez

“Esta temporada podremos llegar hasta los 15 minutos de tiempo añadido”, ha asegurado hoy mismo en rueda de prensa el presidente del Comité Técnico de Árbitros de la RFEF, Luis Medina Cantalejo. La polémica, ni que decir tiene, está servida, por la sencilla razón de que ese tiempo que el colegiado de turno decide añadir no está sujeto a parámetros cuantificables.

Es decir, queda a criterio del trencilla de turno, dando lugar a los manidos agravios comparativos entre un partido y otro. La temporada pasada ya dio lugar a acalorados debates que ésta, avisados quedan, van a ir a más hasta que la FIFA decida de un puñetera vez cortar el problema de raíz.

Y es que resulta sorprendente la exasperante lentitud con la que el fútbol afronta sus desafíos en el plano reglamentario. Ya ha sido el último gran deporte en admitir el uso del VAR y aún se resiste a la sencilla tarea de parar el reloj cuando el desarrollo de un partido así lo aconseja.

De hecho, no existe ninguna disciplina de equipo, más allá de las que no tienen una duración prefijada como el béisbol, el críquet o el voleibol, que no pare el reloj en algunos momentos del partido.

Curiosamente, el cronómetro sí se detiene cada vez que el balón sale de la pista o el juego se interrumpe en el fútbol sala, que como todos sabemos también es competencia de la FIFA. 40 minutos de tiempo efectivo en cada partido y adiós polémicas.

Algo similar debe ocurrir con el fútbol de una vez por todas. A bote pronto, diría que la solución pasa por disputar dos periodos de 30 ó 35 minutos en los que se pare el reloj siempre que la pelota no esté en juego, dejando que la última jugada continúe hasta que el balón salga de los límites del terreno de juego, como pasa en el rugby.

Habrá ‘románticos’ que dirán que esto va contra la esencia del fútbol, igual que muchos critican la aplicación del VAR sin reparar en que el problema no es el VAR sino el pésimo uso que algunos colegiados hacen de esta fantástica herramienta. Creo sinceramente que es inevitable que, tarde o temprano, el reloj se detenga en el fútbol porque a nadie en su sano juicio le puede parecer sensato que se añadan 15 minutos.

Es la única forma real de acabar con las pérdidas de tiempo que tanto deslucen el espectáculo. Salvo si usted, claro está, cree que esas pérdidas de tiempo forman parte de esa manida esencia del deporte rey. En tal caso, usted y yo estamos en ligas diferentes.

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