Ocio veraniego: algo sobre futbol

En las últimas semanas se ha suscitado una cascada de comentarios acerca del Santos Laguna. La pregunta de fondo, pienso, es la naturaleza misma de la afición a un equipo de futbol, tanto en lo individual como en lo colectivo. Ha sido muy interesante la discusión entorno al desempeño reciente del equipo cuyo modelo de gestión general ha demostrado ser de los más sólidos en la última década si se consideran campeonatos, protagonismo, infraestructura, fuerzas básicas, solidez competitiva, detección de talento, organización, entre otros factores. Platicaba ayer con un amigo que me decía: “me acuerdo que antes cuando peleaba el descenso la gente apoyaba; ahora una rachita mala de tres partidos y ya los andan linchando”.

Como decía, en el fondo el tema es la naturaleza de nuestras aficiones pues ellas hablan más de nosotros de lo que suponemos. ¿A qué le vamos cuando le vamos a un equipo de futbol? es la pregunta. ¿A qué le vamos cuando le decimos que le vamos al Santos, Pumas, Chivas o América? ¿A qué cuando se trata del Cruz Azul o al Atlas? Esto por decir del futbol en México. Por cierto, Alejandro Moreno en su reciente encuesta sobre aficiones comentada en su columna periodística menciona datos interesantes: casi 6 de cada 10 personas en México tiene una afición efectiva por el futbol y entre Chivas, América, Cruz Azul y Pumas suman 7 de cada 10 aficionados. De los tres, solo Pumas ha crecido afición en los más recientes tres años y es el equipo con una proporción de afición femenina mayor (46 por ciento) y con mayor nivel de escolaridad. Últimamente se ha polemizado si esos cuatro equipos siguen siendo los grandes de México o no. Independientemente de la respuesta, en cuanto a aficiones, son las más numerosas.

Entonces el tema es la afición. Quizá le vayamos a un equipo porque es el de la ciudad o región o estado donde residimos. Es una posibilidad con mucha lógica: tendemos a identificarnos con lo que consideramos propio del terruño. Aunque esto deja abierta la cuestión por qué se dan las aficiones que en México tenemos, por ejemplo, por el Barcelona, Los Dodgers o Los Carneros, por mencionar las aficiones de un amigo gran conocedor de los deportes profesionales. Una afición tampoco se sostiene solo por la mercadotecnia que proyecta a un equipo. Si fuera el caso, seguramente mutaríamos de afición con suma rapidez y quizá de una temporada a otra.

Seguir como aficionado a un equipo parece que es más que seguirlo por lo estrictamente deportivo. Pareciera ser que la afición es más a una narrativa asociada y arraigada que nada más el equipo mismo. Este argumento salva la cuestión de las aficiones a equipos que no son necesariamente del terruño de cada persona.

Tal vez nuestras aficiones hunden sus explicaciones más en una semántica que propiamente en una lógica deportiva. Y aquí entramos al tema que busco plantear. La afición por un equipo es una identificación semántica más que deportiva.

Cuando la explicación es por terruño, la cuestión se torna más interesante, pues entonces nuestra afición es más que solo irle al equipo: le vamos a través de él a la región, o a los atributos que damos o aspiramos para la región. Por eso las derrotas duelen más cuando de fondo la región es la derrotada y por lo mismo los campeonatos se gozan más cuando el terruño sale campeón, pues aflora allí, aunque sea fugazmente, la comunión entre el equipo y el terruño con sus atributos… o aspiraciones.

El fondo en este tema, arropado en el colorido y pasión que rodea a las aficiones deportivas, es la semántica de la narrativa con la que nos identificamos y que asociamos a tal o cual equipo. Una afición individual y colectiva habla mucho de las aspiraciones, frustraciones, logros y retos de una región. Podría hablar también de la inclinación a ser parte activa, o no, del logro colectivo de las aspiraciones del terruño o la frustración ante sus derrotas.

@EdgarSalinasU

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