los destinos inesperados de los animales

Muchos animales son usados para fines poco conocidos (Foto:Getty)

Cada día hay más personas que se suman a la causa que quiere poner fin al calvario por el que pasan los animales, ya sea porque se van a convertir en alimento, en telas, en células para el microscopio o en entretenimiento en un circo o plaza de toros.

Sin embargo, muchos de esos preocupados por evitar más torturas a los animales desconocen que están adquiriendo productos que tienen este origen y que van, desde los casi imperceptibles botones de cuerno de toro o de huesos, hasta las cuerdas de intestinos de una raqueta de tenis.

El fin del maltrato animal es una meta de diversas organizaciones e individuos que no solo buscan detener el sufrimiento de un ser vivo sino también combatir el cambio climático.

Según las Naciones Unidas, “si las vacas formaran un país, sería el tercero en emisiones de gases de efecto invernadero”.

La ONU alerta, además, que las selvas de Sudamérica están siendo taladas para crear pastos para el ganado, lo que afecta el suministro de agua proveniente de los ríos y los bosques.

Entonces, el impacto ambiental que causa tan solo la explotación del ganado vacuno es un problema del que hay que hablar.

Existe además otro uso de animales silvestres que es aún más curioso y es el que tiene que ver con sacrificios o torturas por supuestos dones mágicos o benéficos que alguna extremidad o componente animal pueda aportar al humano.

Entonces, quienes quieren aportar sus granos de arena para detener estas prácticas, legales o ilegales, deben estar al tanto de lo que consumen.

¿Cómo llegamos a esto?

Todas las partes de los animales sacrificados son usados para diferentes fines (Foto:Getty)

Todas las partes de los animales sacrificados son usados para diferentes fines (Foto:Getty)

En muchos casos, los artículos hechos con componentes animales fueron ideados para aprovechar los restos animales después de que se han extraído las partes comestibles. Es decir, para que nada se desperdicie.

La creatividad del humano para usar la grasa, los huesos, las vísceras, los pigmentos o las pezuñas de los animales se remonta a tiempos remotos, incluso antes de que Aristóteles decidiera abrir las diferentes especies que caían en sus manos para analizar sus partes.

Pero ya el siglo XXI nos alcanzó con millones de avances científicos y tecnológicos y prácticamente todos los objetos, medicinas y cosméticos se pueden conseguir en versiones vegetales que no requieren el uso de partes de animales.

La mayoría de las marcas de pasta de dientes contienen glicerina de origen animal (Foto:Getty)

La mayoría de las marcas de pasta de dientes contienen glicerina de origen animal (Foto:Getty)

  • La gelatina, por ejemplo, es un ingrediente gastronómico indispensable en muchos platos y también es un importante componente de productos farmacéuticos y cosméticos. Este producto es logrado por la hidrólisis del colágeno, la proteína del tejido conjuntivo de huesos, piel y cartílago proveniente, sobre todo, de ovejas y cerdos.

  • Mantener una cabellera limpia es un hábito que puede implicar el uso de champú y acondicionador con ingredientes de origen animal como la glicerina que es derivada de grasas como la del cerdo, aunque este ingrediente también puede tener procedencia vegetal.

  • La mayoría de las marcas de pasta de dientes, también contienen glicerina. Muchos ignorarán que limpian sus bocas con un derivado de la grasa animal. La buena noticia es que existen alternativas vegetales pero hay que buscar en tiendas especializadas.

  • El jabón de barra con el que nos bañamos está hecho con sebo de origen animal en la mayoría de los casos porque es ese componente el que tiene la cualidad hidratante.

  • Hay botones hechos de cuernos de toro, de huesos de diferentes animales o de nácar.

  • Las bolsas de plástico contienen grasa animal como agente “deslizante”.

  • Los instrumentos musicales de madera se fabrican utilizando un pegamento que tiene ingredientes de origen animal.

  • Algunas raquetas de tenis llevan cuerdas hechas con intestinos de vaca y se requieren más de dos vacas para obtener la cantidad de tripas necesarias para hacerlas. En Inglaterra y en Francia aún se producen estas raquetas y los fabricantes van a los mataderos para reunir los intestinos necesarios para que el tenis sea un deporte más exclusivo.

  • Las llantas o cauchos de autos y bicicletas llevan un componente llamado ácido esteárico que los ayuda a sostener la constante fricción con la superficie.

  • La sofisticada porcelana Bone china está hecha con cenizas de huesos de ganado.

Los consumidores deben revisar cuidadosamente las etiquetas para saber si lo que están comprando tiene componentes animales y, en caso de que no exista el etiquetado, hay que intentar conocer acerca del producto que se está adquiriendo.

El insecto conocido como cochinilla aporta el pigmento con el que se hace el rojo carmín del maquillaje (Foto:Getty)

El insecto conocido como cochinilla aporta el pigmento con el que se hace el rojo carmín del maquillaje (Foto:Getty)

Por ejemplo, la queratina (o keratina) es una sustancia que se extrae del pelo y los cuernos de los animales y que se usa generalmente en productos cosméticos para uñas o cabelleras, pero las propiedades de este componente se consiguen igualmente en la proteína de soja y el aceite de almendra que tienen origen vegetal.

En los productos de maquillaje pueden existir componentes animales, no solo en los que se aplican sobre la piel sino también accesorios como brochas y cepillos que a veces se fabrican con pelos de diferentes especies.

Además, el provocativo rojo carmín de los lápices labiales está hecho de la extracción de un pigmento que se obtiene a partir del ácido carmínico que produce la hembra del insecto conocido como cochinilla.

Por fortuna, es posible supervisar las etiquetas del maquillaje para conocer, no solo si tienen ingredientes de origen animal, sino también si al fabricarlos fueron testeados en animales.

También hay alternativa vegetal para el ácido esteárico, que se usa en múltiples productos que van desde lubricar una maquinaria, facilitar el roce de las llantas con la superficie, mejorar medicamentos y elevar el poder humectante de cremas y cosméticos.

Este componente se obtiene de procesar la grasa de vacas y ovejas, entre otros animales, pero también se puede conseguir de fuentes vegetales.

Asimismo, legisladores de diferentes países intentan poner freno al uso de animales en situaciones que incluso ponen en riesgo la supervivencia de la especie como es el caso de tigres, elefantes o rinocerontes que suelen ser mutilados con supuestos fines medicinales que no están científicamente demostrados.

Las Naciones Unidas ha alertado en un informe acerca del uso ilícito de animales silvestres para extraerles partes que supuestamente sirven como curas para el COVID-19 como la bilis de oso.

En Bolivia también están en alerta por la matanza indiscriminada del caimán negro debido a la creencia de que la grasa de este animal tiene propiedades curativas contra la pandemia del coronavirus.

En Vietnam se ha presentado otra situación debido a la venta de colas de elefantes provenientes de países asiáticos y africanos, un comercio ilegal que tiene que ver con la “suerte y prosperidad” que aportarían los pelos del rabo, mientras que en China hay demanda de la piel de los paquidermos por la creencia de que cura el acné.

Los tigres también son víctimas del comercio ilegal en Asia y sus partes son comerciadas para hacer pastas medicinales de sus huesos, alfombras de sus pieles y joyas de sus dientes.

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