La maternidad y el tenis

Serena Williams, María Sharapova o Tajtana María son algunas de las jugadoras que tuvieron que tomar una serie de decisiones para conciliar, de la mejor manera posible, su trabajo con su familia.

Estamos ante un tema enrevesado que, por supuesto, intentaremos delimitar sin cerrarlo, sin agotarlo. Por nuestra parte, no pretendemos ceñirnos a la normativa que la WTA desarrolló en búsqueda de un equilibrio entre las labores de cuidado y el ejercicio de un oficio exigente físicamente. Valoramos dichas acciones, pero el mundo no se cierra en el sumario.

Es la realidad quien determina a la legislación y no a la inversa. De igual modo que la física no es lo que aparece en tales libros. Lo material, lo objetivo, siempre excede lo contenido en el papel. Por ello, nos disponemos a ofrecer un enfoque distinto.

La maternidad como proceso

Disculpen esta “pesada” introducción, pero necesitamos dejar una serie de cuestiones demarcadas para, posteriormente, entrar en el objeto de estudio. Hablar de deporte no debe estar exento del rigor requerido. Debido a que, entre otras cuestiones, el deporte es una idea filosófica y no una ciencia estricta (aunque las presupongan en un número más o menos preciso).

Pues bien, tal y como hemos señalado, hablamos de dos esferas de la vida humana. La principal tarea pasa por ver cuáles son las conexiones entre las dos, pero, asimismo, observar que desconexiones aparecen.

En primer lugar, hay que tener en cuenta que la maternidad es un proceso transicional que no se inicia una vez gestado el/la infante. El recorrido empieza cuando se inaugura el embarazo. Evidentemente, este proceso biológico es externo al tenis, pues este deporte no es reducible a categorías biológicas. Sin embargo, estamos ante unos cambios que afectan a distintos niveles. Normalmente aparecen seis tipos: en lo deportivo, en lo psicológico, en lo psicosocial, en lo académico (si se diera el caso), en lo financiero y en lo legal.

Instantes donde, según los tramos en las trayectorias, comienzan a establecerse una serie de relaciones de inclusión o de exclusión. Si bien, como hemos indicado en el título, la maternidad aparece desbordando las demás esferas que se definirán, en cierta medida, por tal categoría: “madre tenista”, “madre deportista”, etc. Algunos entendidos, gente muy antigua, hablarían del sintagma madre como si este fuera un “universal”. Maternidad y tenis y no tenis y maternidad.

En definitiva, es un concepto que logra predicarse, utilizarse según muchos casos que, como exponemos, se redefinen por tal cláusula. Ahora bien, prestemos atención a la principal particularidad que hace más engorrosa la cuestión. Puesto que, las relaciones de inclusión/exclusión que hemos nombrado con anterioridad, aparecen dadas en otro escalón. Aunque el término madre invade por completo las demás esferas, el complemento (tenista/deportista) agrega una condición, a saber: “ser algo más que una madre”.

La(s) supermamá(s).

Es decir, el tenis refuerza un estereotipo de madre que puede (y debe poder) con todo: la supermamá. Una designación que se confirma (si ganan algún torneo) o se niega (si no consiguen el objetivo de volver). Una losa que ejerce demasiada presión.

Un cambio que va más allá de la simple denominación, ya que implica todo un nuevo orden donde las prioridades varían. No dudamos en que este nuevo rumbo suponga una motivación extra, pero puede entorpecer la praxis posterior. Por ejemplo, Tajtana María tuvo que modificar su técnica en el golpe del revés.

La posible relativización de la derrota puede ser consecuencia, a su vez, de estos cambios familiares. Y, si la actitud en cancha puede evolucionar, el entorno puede verse obligado a tomar decisiones para que la carrera siga su camino. El marido de Kim Clijsters tuvo que dejar su trabajo para apoyar a su esposa.

Otro detalle por el que las madres tenistas suspiran, tiene que ver con los espacios para niños/as en los clubs donde se disputan los torneos. Una diferenciación espacial que puede ser muy útil para los jóvenes, debido a que la socialización y el control parental forman parte de un mismo hacer.

Lo que está claro es que, volver a la pista, es una acción que no siempre se puede dar. Una decisión que deben tomar ellas, comprendidas por su familia y sujetos más cercanos.

La retirada, de la cual hablaremos en estos días, es un opción viable y respetable (no hay que obviar tal solución). Pero, tal y como se está planteando y demandando en el mundo académico, las jugadoras que evolucionan, a la vez que lo hace su cuerpo, deben tener voz y voto en las decisiones que constituyen a los distintos organismos.

En último lugar, querido lector, tenga en cuenta que hablamos de una fase donde las protagonistas son ellas. Ya habrá tiempo para hablar de las figuras paternas (otro embrollo). Por ahora, valoremos los dictámenes de estas luchadoras que intentan aumentar su nivel (a pesar de los pesares).

Generosas, muestran virtudes éticas atemporales. Por mi parte, poco más puedo decir. Les agradezco su interés y les invito a que estén atentos, pues todavía quedan muchas cosas por analizar. Si el tenis es cultura, estamos ante un interrogante que no puede pasar desapercibido.

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