“Es un honor abrir esta puerta”

Hace las prácticas del grado superior de Educación Infantil en el mismo jardín de infancia al que fue de niña y a través de una ventana ve el patio de la que después sería su escuela. Sus ojos se escapan, sin querer, hacia ese rectángulo de tierra. Ahí jugaba al fútbol, siendo la única niña entre ejércitos de niños. “Ahora se ven más niñas. Dos o tres por clase. O cuatro. Ha ido creciendo, pero el camino hasta la igualdad será muy largo: antes éramos 29 niños y una niña y ahora son 25 niños y cinco niñas. Mientras yo lavo manos y la profesora cambia niños siempre miramos cómo juegan al fútbol en el patio. Cuando van a chutar hacemos miniporras de si marcaran o no”, dice la futbolista Alexandra Cortizo (Castelló d’Empúries, 2003).

Acaba de convertirse en una pionera, en la primera mujer en debutar en el fútbol territorial sénior masculino de Catalunya, tras beneficiarse de una medida aprobada por la Federació Catalana: desde este curso, las jugadoras de fútbol y de fútbol base pueden jugar en cualquier categoría masculina del fútbol territorial, sea de base o amateur. Hasta el momento estaba permitido hasta cadetes, pero ahora se ha completado la universalización del fútbol femenino para dar un paso “hacia la plena igualdad”, según el propio ente. “Gracias a esto muchas jugadoras que queremos dedicarnos al fútbol podemos lograr que nos vean clubes donde podríamos crecer”, acentúa Cortizo.

Putellas, la referente

Su debut se produjo el 1 de octubre, en un encuentro entre su Esplais y el Cadaqués de la segunda jornada de cuarta catalana que acabó con clara victoria local (6-0), pero la historia empezó a escribirse hace casi dos décadas. Ella había hecho judo y gimnástica rítmica, pero solo quería jugar al fútbol. “Al final me apuntaron, por cabezota”, sonríe. Sus padres la apuntaron al Esplais a los siete años, en 2011. Quería ser como Leo Messi. Quería ser Leo Messi, a falta de referentes femeninas. Tenía camisetas suyas. Y un cuadro con una foto firmada.

“Yo no me lo creo, pero según mi tía lo escribió y lo firmó Messi. Dice algo así como ‘sigue jugando y serás tan buena como yo’. Quién sabe, quizás sí que dicen la verdad. O consiguieron su firma y lo escribió mi tía. No sé. Sé que flipé cuando me lo regalaron”, prosigue. Ahora su referente es Alexia Putellas, como en tantos casos. Sin ser consciente de ello, ella también acaba de convertirse en referente de algunas niñas.

“Cuando me senté en el banquillo sentí un cúmulo de sensaciones. De ganas, ilusión, muchos nervios y miedo. No quería salir al campo porque tenía miedo. Supongo que de no estar a la altura”

Alexandra Cortizo

De aquellos primeros años jugando con niños en el Esplais, hasta infantil, recuerda tener que cambiarse en cuartos a parte, como si fuera un elemento extraterrestre en un planeta de hombres, y las malas caras de algunos compañeros: “Me sentí cuestionada de niña, sí. Pero yo quería jugar y, al final, me daba igual cómo me miraran o lo que me dijeran”. Después pasó por el Cabanes y el Sant Pere Pescador, antes de regresar al Esplais.

Tener miedo

La emoción empapa sus frases al volver al 1 de octubre. Se propuso afrontarlo como si fueran un partido más, normal, pero fue imposible: “Cuando me senté en el banquillo sentí un cúmulo de sensaciones. De ganas, ilusión, muchos nervios y miedo. No quería salir al campo porque tenía miedo. Supongo que de no estar a la altura. Quería estar a la altura porque el club y el equipo habían confiado en mí. Me repetía ‘Alexandra, serás la primera y esto puede llegar a muchos sitios: debes hacerlo bien para que después puedan venir muchas más chicas detrás de ti’. No haber estado a la altura hubiera sido un golpe muy fuerte para mí”, rememora. “A la que salí a calentar se me pasó todo y lo único que tenía eran ganas de salir, de jugar, de darlo todo”, acentúa Alex.

Antes de pisar el verde habló con su técnico, Abdoulie Jallow. La charla, breve, sigue grabada en su mente. “Le pregunté donde me tenía que poner en los córners. Se me quedó mirando y me dijo ‘no lo sé, donde quieras’. ‘Yo voy a dentro, a rematar’, dije. Soy un jugador. No soy una chica o un chico, soy un jugador”, subraya. Si hubiera habido un penalti hubiera sido para ella. También atesora el momento de saltar al césped en el segundo acto, con el ‘7’ y entrar entre aplausos de compañeros, rivales y la grada: “Fue la bomba”. “Es un honor haber abierto esta puerta, haber dado este paso”, reconoce feliz.

Dice que aún no se cree todo lo que ha vivido en las últimas semanas. “Cuando me hablan del partido no puedo evitar emocionarme. Le cuento todo esto a esa Alexandra que empezó a jugar con siete años y le da un tabardillo”. Su foto de perfil de WhatsApp es una foto del partido, vestida de amarillo. Las fotos son suyas, pero es un triunfo colectivo: “Soy la primera, pero podría haber sido la quinta o la séptima. Da igual. Esto es importante porque nos da visibilidad a todas”. También admite que lo importante no es que ella haya sido la primera, sino que ella no sea la última. Y celebra que su debut contribuya al crecimiento del fútbol femenino y demuestre que una mujer puede jugar con hombres.

Objetivo, el gol

Todo parece ser felicidad, pero después de más de 20 minutos al teléfono emerge la cara triste del debut. “Yo no lo vi. Pero tenía unas amigas en el partido y me explicaron que detrás suyo había un grupo de chicos, cuatro o cinco, que iban diciendo cosas como ‘¿qué hace una chica aquí jugando?’. Ellas se giraron mirándoles con mala cara, pero siguieron. Hasta que tuve una ocasión de gol, con un chut a la cruceta. Entonces rectificaron y empezaron a decir que, hostia, quizás sí que podía estar ahí yo”, añade.

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“Es como que yo tengo la obligación de marcar o hacer una jugada espectacular para que tú me digas que puedo estar aquí. Si no, no. Si en cada partido tenemos que marcar o chutar al palo para demostrar que podemos jugar con hombres y para que dejen de decirnos cosas, mal vamos”, afirma. Quiere jugar por jugar, no por comprar su derecho a jugar. Habla enfadada, pero no parece que nadie pueda frenar su ilusión por jugar.

Hoy, su siguiente meta es marcar algún gol. De hecho, el primero ya lo ha marcado: “Ese momento me quedará gravado para siempre”.

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