Entrevista con Guillermo Pérez Roldán, nuevo coach de Paul Jubb

Paseo tranquilamente por las instalaciones del Open de Pozoblanco cuando me cito con una cara familiar. Si su rostro me abre las puertas de la memoria, su acento le delata rápidamente. Poco después, esta misma persona se encuentra junto a mi buen amigo Carlos Coll y un servidor dando indicaciones a Paul Jubb. ¿Qué hace un argentino entrenando a un jugador inglés? ¿Qué me he perdido? Jubb destroza a Dani Mérida en su encuentro de primera ronda y nuestro protagonista, a pesar de la cómoda victoria, permanece durante varios minutos dando indicaciones claras y concisas, trasladando su sabiduría a uno de los mayores proyectos tenísticos del futuro.

Era cuestión de tiempo intentar charlar con él, y lo que me encuentro es una presencia que impone a la par que muestra calidez, simpatía y predisposición a hablar sobre su pasión. El tenis corre por las venas de Guillermo Pérez Roldán (Tandil, Argentina, 20 de octubre de 1969), un adelantado a su tiempo a quien Andre Agassi calificó como “el maestro de la arcilla”. De su carrera como jugador se han escrito libros, tanto de sus hazañas dentro de la pista (13º del ranking ATP, ganador de nueve títulos, cuartofinalista de Roland Garros y finalista de Roma en un partido histórico ante Ivan Lendl) como de los capítulos que ocurrieron fuera de ella. El sol siempre se abre camino después de la tormenta, y Guillermo nos cita casi de forma improvisada antes de un nuevo partido de su pupilo. Centrado como nadie en los días de partido, tener un rato para hablar con él es un honor y a la vez una responsabilidad: toca tirar de memoria y dejarse llevar por la conversación. Ante un hombre de tenis, sin embargo, esto resulta fácil. ¿El resultado? 25 minutos de charla distendida y amena, tiempo más que suficiente para zambullirse junto a él en los secretos del deporte que amamos.

CN: Guillermo, en primer lugar tengo que preguntarte por la más rigurosa actualidad. ¿Cómo llega la oportunidad de trabajar con Paul Jubb?

GPR: El mundo del tenis es bastante chico. Todos nos tuvimos que adaptar a la situación de la pandemia, el deporte se vio demasiado afectado. Yo tengo tres hijos y ahora voy por el cuarto; por consecuencia, hay que saber adaptarse y tengo muchos chicos que hoy son entrenadores en distintos lugares a los que entrené yo. A mí me ofrecieron esta oportunidad de trabajar para Reino Unido e Inglaterra. Paul estaba sin entrenador, estaba buscando a alguien. Es un chico al que, personalmente, lo veo con mucha proyección, pero igual estamos haciendo un camino bastante solitario hasta el momento. Está yendo, dentro de lo que se puede, bastante bien.

Hablábamos ayer del margen de mejora que tiene Paul como tenista, de que tiene buena materia prima, pero quizás tenga que hacer mejor esas ‘pequeñas cosas’, tener ese orden dentro de la pista.

Va todo junto. No es solo una cosa que hay que mejorar. El tenista se forma como si fuese una cadena en la que no se puede desprender ningún eslabón. En cuanto se desprende un eslabón, la cadena pierde el sentido: no tienes el largo que quieres, etc. Lo físico va directamente dispuesto a lo mental; lo técnico y lo táctico van directamente a tu patrón de juego. Si esto no es así, tenés que estar cambiando todos los días tu patrón de juego y yo no veo que los grandes jugadores hagan eso. Yo no veo que Nadal haga saque y red o chip and charge, no lo veo. Paul hace su juego. Le importa quién está del otro lado, pero sobre todo le importa hacer bien su juego.

Así son todos los grandes jugadores. Formar a un jugador significa eso. Es tan diferente creer en una cosa… believe, como lo llaman allá, para mí no significa nada. Para confiar necesitas acción, y esa acción vuelve a necesitar una representación en la cancha de tenis; si no tenés todos los eslabones que al final van de la mano (físico, mental, táctico, técnico), además del orden, el orden que uno tiene que tener en la vida misma, son todo cosas que van de la mano. Por más que tengas todo lo tenístico, lo físico, lo mental… si afuera sos un desordenado comiendo, durmiendo, qué se yo, eso te va a repercutir.

Ahí está el ejemplo de Kyrgios y su mejora estos meses…

No lo sé, yo no puedo decir nada de Kyrgios, solo puedo decir que es un gran jugador, nunca lo vi…

Él mismo lo ha dicho, que ahora hace mejor las cosas fuera de la pista, aunque dentro sea otra cosa.

Quizás es un mensaje que él quiere dar, ¿sabes? No siempre lo que brilla es oro.

Absolutamente, te doy la razón. Hablabas de ese orden que uno intenta alcanzar consigo mismo para hacerlo mejor en su trabajo, en cualquier ámbito. A día de hoy, ¿dirías que vos lo encontraste?

El orden que le quiera dar cada uno a su vida privada es suyo, no hay un orden que para vos esté bien y para mí esté mal. Ahora va a nacer mi cuarto hijo, soy un tipo feliz, hago lo que me gusta, me esfuerzo mucho… pero lo ideal existe poco, porque me gustaría también estar más tiempo en casa. Pero, claro, mi pasión no cambia.

Hay una vocación por estar aquí y seguir ligado al mundo del tenis…

No, pasión. Si fuera por vocación, no estaría acá. Estoy por pasión. Yo estuve casado tres veces y ahora estoy casado con Daniela (su mujer actual), estoy feliz con ella, pero no cambian mis hijos y no van a cambiar mis pasiones. Todo lo demás puede cambiar.

Ayer hablábamos también sobre cómo la figura del entrenador argentino empieza a hacerse presente en el circuito, incluso más allá de Sudamérica: ahí está el caso de Facundo Lugones con Cameron Norrie, vos con Paul, muchos que se fueron a Italia. ¿Qué tiene el perfil de entrenador argentino o qué hay de diferente en su metodología para que todo esto esté pasando?

Argentina es, para mí, algo a copiar. Los mismos jugadores se van copiando, de hecho. Por ejemplo, yo vengo de la ciudad de Tandil, podría decirse que fui el primero; luego vino Zabaleta, después Mónaco, del Potro… y cada vez eso se fue superando. Yo lo llamo un sistema espejo. Ven que uno lo consiguió, ven que pueden hacerlo… no es solamente una cuestión de esfuerzo: el tenis es un deporte individual, pero en Argentina hay una competencia más sana que en otros países. Los argentinos no quieren que pierdan compañeros. En otros países, hay uno que va a verte jugar y puede pensar: “ojalá pierda este, así me quedo en el top-400, yo estoy el 390 y largo”. ¿Y a mí que me importa? Ojalá ganen todos y suban todos, porque yo no me voy a quedar acá, yo no me voy a quedar el 300 o el 200.

En Argentina pueden. Y lo logran. Aparte, hay tipos que se han esparcido por el mundo, como Gustavo Marcaccio, muchos más. Antes estaban Daniel García, Francisco Mastelli, tipos muy buenos que han hecho un semillero muy importante. No nombro a mi padre porque he tenido muchos problemas con él, pero creo que, como entrenador, ha formado muchos chicos también… el sistema del argentino en sí es un sueño que se hace realidad. Al final, los chicos argentinos siempre están empezando un sueño..

Hay siempre una enorme voluntad y predisposición a lograrlo.

Sí, siempre tienen esa voluntad. Aparte, tenemos la contra, entre comillas, de estar muy lejos. Yo para venir acá (Pozoblanco) necesité 28 horas.

Es una locura. Por eso viene tan bien el circuito Challenger Dove & Men Care Legión Sudamericana, impulsado por Horacio de la Peña, para dar oportunidades a los chicos.

Son muchos, sí. Que haya torneos y competencias en Sudamérica facilita al nivel medio poder proyectarse con mayor facilidad: pueden volver a su casa y se recargan a nivel afectivo. Cuando estás cuatro meses fuera, chicos que no tienen dinero y sustento para hacerlo… el alimento de ellos para seguir es lo afectivo. Cuando estás cerca de casa, perdés, volvés a casa, te recargás de energía como para poder después volver a encarar otra gira con más fuerza, eso es lo esencial de estos torneos. Ayudan en lo afectivo, no tanto en lo tenístico. Es mi opinión, claro, siempre puedo estar equivocado.

Quiero aprovechar al máximo el tiempo de esta charla. Yo soy un fanático absoluto de Agassi y cualquiera que haya leído su biografía, Open, sabe que te menciona y te califica como “el maestro de la arcilla”. ¿Qué te supuso leer eso?

Conozco a Agassi desde que teníamos 12 años y jugué por primera vez contra él en la Orange Bowl. Él fue un gran campeón y yo no. Esa es la gran diferencia que tenemos entre nosotros. Que a mí me nombre como “el rey de la tierra” un gran campeón como él, como lo hizo, a mí lo único que me hace es honorarme. Solo puedo admirarle por la carrera que hizo y ser quien es, nada más.

¿Se puede comparar aquella época, los 80 o los 90, con la actualidad? ¿Qué cosas notaste que cambiaron dentro del mundo del tenis?

Lo que cambió es que antes me hacían un reportaje y tenían que anotar. Vos estás con un celular grabando. Es mucho más fácil, ¿no? Estos chicos también tienen todo mucho más fácil. Por eso la inconsistencia de los jugadores es inaudita, por eso siguen ganando los buenos; los buenos no solo se mantienen, mejoran, porque diría que ahora mismo Nadal juega mejor al tenis que antes. Quizás tenga menos piernas, menos físico, pero juega mejor al tenis, eso hace que su juego rinda mejor.

Se me van a tirar muchos en contra mío, pero todo este tema de los mánagers, preparadores físicos, que no son muy ‘tenistas’; hay millones muy buenos, eh, pero hay muchos muy malos. Hay de todo. Lo que sí hay es mucha más comodidad que antes. Eso por un lado. Hoy que un chico te entrene cuatro o cinco horas de tenis es bastante complicado, y más en cuanto a trabajo específico; antes eso era normal y lógico.

También las características han cambiado. La mala información… yo digo que tener buena información es tener el poder, ¿no es cierto? Cuanta más información tenés, más poder tenés. Pero, claro, cuando tienes mala información, también es un poder “hacerte mierda”. Si a ti te viene un fisio o un doctor, y te dice que no hagas esto porque te duele esto, te toca estar parado tres semanas… el flaco se te arruina, ¿entendés? Si a vos te duele el hombro, al menos haz bicicleta, ¡haz algo! Pasa que gastan mucho tiempo en cosas que no sirven para nada; de hecho, no es que lo diga yo, los resultados lo demuestran. Ya van cuatro generaciones que no pueden derrocar a los buenos.

Hay algo que está fallando. Hay que preguntarse el porqué están fallando esas nuevas generaciones. Y, aparte, otra cosa. El ranking de la ATP ha cambiado. Antes se jugaba por cantidad de torneos, por promedios; si jugabas doce torneos dividías por doce, si jugabas catorce dividías por catorce, si jugabas quince te quitaban uno, se queda en catorce. Ahora te juegan 30 torneos y si el jugador hace 16 primeras rondas no importa, ¡puedes ser el #20 del mundo! ¿Por qué no hacemos una media? Si yo juego 30 torneos, dividime entre 30, o incluso 27, lo que se jugaba en mi época, y vamos a ver qué ránking tengo. El tenis es un deporte individual en el que tenés que elegir, y así jugarían muchos más jugadores bien: por ejemplo, un tipo de tierra no iría a jugar césped. Hoy va a jugar al césped y no le importa perder en primera, porque juega otros torneos en los que sí va a estar bien, su ranking no se va a fastidiar. Entonces, vive muy poca gente bien del tenis.

Y esto ha llevado, en cierto modo, a la extinción de los especialistas en el tenis.

La extinción de los especialistas… ¡no hay! No podés ser especialista en césped si jugás un mes por año. Cuando le empezás a tomar la mano ya se terminó la gira. Aparte, a césped va gente que no tiene ni idea, o a clay viene gente que no tiene ni idea; al final, después de diez años, esos jugadores terminan jugando discretamente bien por una cuestión de insistencia, pero no permitieron que el número #90 entre: todos lo juegan todo y no importa si pierden.

Yo no estoy de acuerdo en eso, porque le sacaron lo lindo del tenis: la presión. Si querés repartir la presión dedícate al fútbol, al rugby, a un deporte por equipos. Es lo mismo que digo: si querés jugar dobles, jugá dobles, pero no me quites la cancha de entrenamiento antes de un partido de singles. Si yo juego singles y tengo que compartir la cancha y somos cuatro, el jugador de dobles debe compartir la cancha con cuatro más, son ocho. Si no, que les den horarios distintos. Bueno, todas estas cosas hacen que todo sea más fácil. En mi época no entrabas en calor en la cancha mientras los otros están jugando, entrabas en calor afuera. Hoy se te meten a la cancha y te entran en calor ahí al lado, y para mí es una falta de respeto.

Se va a enojar mucha gente conmigo, pero vos me preguntaste qué cosas cambiaron. ¿Qué cambió? Cambió el respeto, cambió el trabajo, se metieron los mánagers en el medio a elegir entrenadores baratos y, además, hay muchos no especialistas en tenis que dirigen… porque el que dirige el barco, en teoría, es el que entiende de tenis, no el mánager o el preparador físico, el capitán es el que sabe de tenis. Yo necesito que este chico llegue mejor acá: cómo lo hace el preparador físico no lo sé, pero lo tiene que lograr; el mánager tiene que estar al servicio del jugador, no dirigir la batuta. Todas esas cosas han cambiado.

También, yo interferí en la ATP (y varios interferimos) para intentar que el coach sea coach. Hasta ahora éramos entrenadores, ahora por fin se puede empezar a hablar en los torneos. Yo en enero mandé una carta a la ATP y les decía que todos hablan y yo me tengo que quedar callado, ¿cuál es el sentido? O todos podemos hablar o todos estamos en silencio, pero pongamos una idea clara. Ahora están probando… el entrenador está como para entrenarlo fuera y ayudarlo dentro; si no, no sos coach, no podés hacer nada. Es cuestión de hacerlo todo con una lógica. En todos los deportes se pueden dar indicaciones: en el fútbol se pueden dar indicaciones, en el basket se puede, porque es tu trabajo. El trabajo del coach tiene que ser respetado, también. El entrenador es parte del tenis. Y antes los chicos duraban diez años con un entrenador, ahora nada… es todo muy mediático. Los chicos gastan siete horas de media por día con el teléfono… si le querés hacer daño a un chico, sácale el celular. Nosotros teníamos que mandar una postal (risas). ¿Qué hacíamos? Entrenábamos.

Claro, es que en ese momento no os quedaba otra. Ahora es mucho más fácil dispersarse.

Ir descubriendo lo nuevo nos da pánico a mucha gente y te tenés que ir reinventando. Creo que las próximas generaciones serán mucho más inteligente que las que pasaron. Sabrán manejar todas estas cosas un poco mejor, porque estas últimas cuatro… hay jugadorazos que podrían haber sido mucho mejores para mí, claro. Me van a cagar a puteadas muchos, pero saben que estoy diciendo la verdad (risas).

(Pregunta Carlos Coll, que se encuentra con nosotros durante la entrevista): No sé si estarás de acuerdo conmigo, pero también veo que antes los jugadores eran más virtuosos. Ahora son unos portentos físicos, son más fuertes, pero…

Fíjate: no estoy de acuerdo contigo. Para mí ahora los jugadores son más débiles que antes.

Me refiero, antes tenían más recursos. En los partidos de hace 15 años tiraban más revés cortado, subían más a volear…

Lo que pasa es que la tecnología hace tanto… hoy una raqueta cualquiera te pesa 320 gramos y te tira a 230 km/h un saque. Hoy, cualquiera saca a 200 km/h; antes, si sacabas a 200 km/h con una raqueta que pesaba 400 gramos y era de madera, no podías, te destrozabas el hombro. Tampoco las reglas han cambiado con respecto al saque: ni achicaron la línea, ni levantaron la red, nada. Todo evolucionó… menos las reglas.

Hoy, un tipo que te saca nomás, con 2,10m, andás muy bien. No le quiero sacar mérito al tipo, porque tiene que sacar bien igualmente, pero lo único que hace es arruinar el deporte, ya que las estrategias se van deteriorando. Vos sacás bien, te desplazás bien, pegás bien el revés, pegás bien el drive, pegás bien de todos lados… pero te puede agarrar un tipo que saca como un martillo y te gana. Y tiene un tiro solo. El tenis tiene sus dimensiones, sus cosas, hay que aceptar cómo es. En el fútbol han cambiado muchísimas reglas, en el basket han cambiado… en el tenis no ha cambiado ninguna. La única que ha cambiado es una regla de segundos, ¿no es cierto? Y también está mal, porque el tiempo debería medirse en función del intercambio. Si un flaco está a 180 pulsaciones y en 90 segundos no alcanzas a recuperarte…

Y ahora también está la regla de que te podés ir y pedir médico cuando el otro va a sacar. Muchos usan la regla para hacer trampa. Y eso también está mal. Hay muchísimas cosas que han cambiado para mal en el tenis, y es hora de que cambien para bien. Están muchas cosas mal. ¿Cómo yo me voy a ir al baño de repente? Si estás mal y querés llamar al médico, ¿cómo podés hacerlo justo antes de que saque tu rival? ¡Llámalo cuando saques tú! Y, ¿por qué se cambiaron estas cosas para mal? No lo sé, yo tampoco lo sé. Y no me gusta eso de que “hecha la ley, hecha la trampa”. ¿No se supone que el tenis es un deporte de caballeros, un deporte blanco? Bueno, hagámoslo blanco en serio. En eso insisto yo.

La última, antes de irte, Guillermo. ¿Federer, Djokovic o Nadal?

Y bueno…

Sin pensar, rápido.

Como tenis, no hay discusión, Federer. Pero… cada uno es el campeón más grande de todos los tiempos. Soportaron cuatro generaciones. Börg soportó una generación; Sampras le ganó a la vieja y le ganó a una nueva. ¡Estos tipos ganaron a cuatro generaciones! Van a ir con el bastón a la cancha y les van a seguir ganando. Son unos capos.

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