El Rojo venció a Unión y estiró la racha

Con garra para meter pierna fuerte y dar batalla en el medio. Con el corazón caliente para bancarse los embates del rival, pero también con sangre fría a la hora de tomar decisiones. Con un sacrificio descomunal de los delanteros para ubicarse por detrás de la línea de la pelota ante la pérdida. Con galones de sudor invertidos por los volantes. Con dos centrales que procuran defender cada pelota a punta de pistola. Así jugó Independiente en Santa Fe. Así consiguió su cuarto triunfo consecutivo contando la victoria ante Vélez (2-0), por Copa Argentina.

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El Rojo, que venía golpeado, herido, agobiado por el lastre de una pésima campaña, comprendió cómo se tienen que afrontar los tiempos de crisis. Leandro Fernández, uno de los abanderados de esa resurrección milagrosa, había sido muy certero en su definición luego de vencer al Fortín. “El equipo entendió todo”, expresó, con la misma contundencia que viene mostrando cuando pisa el área. Y vaya si lo ampara la razón: el conjunto de Avellaneda se transformó en un equipo combativo. No brilla, pero arremete con su temperamento. No le sobra fútbol, pero sí muestra mucho temple.

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El parte médico de Leandro Fernández

Independiente se convirtió en un equipo consciente de sus limitaciones. Juega cuando puede jugar. Marca la cancha con vehemencia cuando es necesario hacerlo. Y hace correr el reloj en los momentos en que hay que aguantar. No hay divismos. Fernández y Damián Batallini, hombres de ataque, son los primeros en ponerse el overol para colaborar con los volantes y meterse en la pelea con los volantes cuando el equipo pierde la pelota. Leandro Benegas no estuvo lúcido, pero se fajó con los zagueros para desgastarlos y fue importante al aguantar la pelota de espaldas para descargar y liberarles espacios a sus compañeros arrastrando marcas. El Rojo pudo imponerse incluso a pesar de la mala actuación de Tomás Pozzo, quien tuvo voluntad, pero estuvo muy impreciso.

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Video: el amague de piña a Leandro Fernández

Marcone, una pieza muy importante

Julio Falcioni, quien inició su tercer ciclo en el club bañado por el escepticismo de muchos hinchas, tuvo un gran mérito en el despegue. El técnico tomó la acertada decisión de colgar a Iván Marcone por tres partidos para obligarlo a que se ponga bien físicamente. El volante central reapareció renovado y su regreso coincidió con la levantada abrupta del Rojo. ¿En qué influyó? Cuando el equipo pierde la pelota, el mediocampista se retrasa para ubicarse entre los centrales, lo que le permite a Lucas Romero jugar un poco más suelto. Al tener acompañamiento a la hora de contener, el Perro juega más liberado. Y eso se vio reflejado en la acción del golazo que convirtió, llegando hasta la puerta del área para descerrajar un derechazo.

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¡Zanetti en modo Diablo!

La sucesión de victorias revitalizó a un conjunto que venía azotado por el impacto de una crisis institucional que se había trasladado a la cancha. La cabeza se despejó y el envión anímico fue clave: al Rojo le salen todas las que antes se le daban en contra. Así, Independiente se aprovechó de un Unión que ganó apenas un partido de los últimos ocho. Los de Falcioni siguen en alza. Y crecen a cara de perro.

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