¿El fútbol que vendrá?

El otro día fui a ver el Barça-Elche en el Camp Nou. Hacía mucho que no seguía un partido en directo, desde antes de la pandemia, y enseguida recuperé sensaciones dormidas: el fulgor verde del césped, la emoción de cantar el himno, la fascinación de contemplar un jugador cuando no tiene la pelota (sobre todo Pedri). Incluso el ligero estorbo de un vecino de asiento que gritaba contra el árbitro. Era un partido plácido, simpático, aunque a ratos echaba de menos algo, no sabía qué. Cuando Lewandowski hizo el primer gol, lo celebré e incluso hice un “¡chócala!” con mi vecino cargante. Acto seguido él abrió el móvil y, en cinco segundos, se conectó a una web para ver la repetición del gol desde varios ángulos. Entonces lo entendí, echaba de menos ese ruido que rodea al juego cuando estás en casa: el análisis y los datos, la valoración de los expertos, las repeticiones del VAR. Sin saberlo me había convertido en un aficionado del siglo XXI.

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Antes, cuando iba al campo, esos detalles no me preocupaban. Sabía que llegando a casa vería un amplio resumen de las mejores jugadas. Aseguraba su recuerdo, digamos. En los últimos tiempos, con la aparición de plataformas y canales deportivos, con los analistas de memoria prodigiosa y los exjugadores comentaristas —en algún caso quizá habría que hacerles una prueba antes—, el espectáculo visual ha evolucionado mucho. Me pregunto qué vendrá después. Estos días hemos visto a Luis Enrique comunicarse con los jugadores, en los entrenamientos, a través de un altavoz que llevan en la ropa. Quizás el siguiente paso es que algunas indicaciones se incorporen a la transmisión (pagando, claro), y que los jugadores lleven una cámara en el pecho —como con los coches de Fórmula 1 y las motos—. Estaría bien ver el fútbol desde la cámara subjetiva de Dembelé o Gavi, o convertirse en Lewandowski cuando tire un penalti…

Mientras me perdía en estos pensamientos, el Elche sacó de medio campo y, durante tres minutos, mi vecino siguió mirando el partido en el móvil, concentrado, hasta que un nuevo disparo del Barça le devolvió a la realidad del Camp Nou.

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