El fútbol argentino, un modelo exportador de materias primas

Por Juan Anllo

Consultor de industrias deportivas

El impacto económico de Qatar 2022 en la Argentina es un interrogante basado en el estado actual de la economía y la capacidad de consumo de la población. Los mundiales, históricamente, impulsan la renovación del parque audiovisual (TV) y es factible que este año no sea la excepción. Habitualmente, se venden entre un 15 y 20% más que el promedio, sumado a que esta podría ser la última oportunidad de Messi de levantar la Copa del Mundo.

Sobre este punto subsisten las dudas sobre el impacto de la situación económica actual, con alta inflación y las importaciones limitadas. Es un escenario que podría detener el crecimiento de la demanda del consumo esperada.

En cuanto al lanzamiento de la indumentaria de la Selección Argentina, sobrepasó todos los pronósticos y muchos locales limitan la venta a solo una prenda por persona. Esto abre la oportunidad a réplicas de alta calidad que (junto con la informalidad de la venta por las redes) han desarrollado un mercado paralelo al oficial de Adidas, cuyo perjuicio es muy difícil de calcular.

En cuanto al rubro de alimentación y bebidas, tienen en los días de partidos donde juega la Argentina altísimos niveles de venta, con picos de demanda que superan en un 300% a la demanda habitual. Muchas empresas de ese rubro aceleran los preparativos para esas fechas clave.

El desafío lo tienen los clubes que juegan en la liga local para apropiarse de parte de esa cuota de mercado: transmitir en pantalla gigante en el estadio para los hinchas y socios es una alternativa que nunca se explotó, y que este año puede ser la gran novedad de la industria.

Adicionalmente, este será el Mundial de las apuestas. Estas plataformas, que arribaron este año al país, ya han generado US$2.400 millones. Es esperable que Qatar 2022 acelere aún más esta dinámica. Podemos esperar que más casas de apuestas auspicien las camisetas de los clubes de primera división, algo que ya ocurre en España y que ya provoca algunas controversias.

Las nuevas tecnologías de transmisión de partidos ampliarán la forma de ver el espectáculo (pudiendo incluso observar el juego desde la perspectiva del árbitro o de un jugador de campo, un método que ya se experimentó en un amistoso en Holanda este año).

Veremos qué novedades e impulsos trae el Mundial de Qatar en esta línea, pero sin duda será un dinamizador de la industria deportiva que, a partir de la pandemia, sufrió su primera caída a nivel global desde la década del 90 y que en la Argentina precisa retomar la senda del crecimiento sostenido que tenía hasta el 2020.

Antes de la pandemia el fútbol argentino producía, aproximadamente, 1,5% del PBI. El modelo de la industria del fútbol es un espejo del país, donde somos exportadores de materia prima (jugadores que son los generadores del espectáculo) y no de producto terminado (que sería la venta global de nuestros derechos de TV al mundo).

Nuestros mejores jugadores animan las ligas más caras del mundo y que más recaudan por derechos de televisación, por acuerdos comerciales y patrocinios globales. Es así que nuestra Selección está formada principalmente por jugadores que militan en ligas europeas.

De esta manera, el éxito de nuestra Selección implica una revalorización residual de nuestro fútbol vernáculo. Brasil, con un volumen de mercado interno muy superior, está haciendo frente a esta problemática, generando presupuestos de marketing crecientes (sobre todo para los grandes clubes), lo que le permite mantener a sus figuras por más tiempo.

Es interesante pensar si esta situación, que parece ser estructural, puede ser revertida en la Argentina. Un simple análisis nos permite pensar que para revertirla precisamos contratar a los mejores 50 jugadores argentinos que juegan en el extranjero.

No existen las transformaciones rápidas. Estamos frente a una oportunidad única de revertir una matriz industrial y conseguir que un buen resultado del seleccionado valorice de manera directa nuestros clubes.

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