Cuiden el fútbol, carajo – La Opinión de A Coruña

Estuve estos días en Andalucía y los pasé hablando de fútbol con gente que sabe de su sintaxis y de su historia. Entre ellos me encontré con un ilustre hombre de letras, Luis García Montero, profesor, poeta, actual director del Instituto Cervantes, que mantiene una saludable pasión futbolera que solo interrumpe cuando el Granada juega con su equipo. Su pasión es el Real Madrid. Celebra sus triunfos y llora sus derrotas. Eso es el fútbol, un cuento irracional que nos encandiló de niños y sigue dándonos alegrías y desengaños. Los sufrientes aficionados, o los felices aficionados, parece que tuviéramos acciones en las compañías que ahora se llaman, también, clubes de fútbol.

Nuestro encuentro, que era literario, se produjo en Baeza, acaso el más bello pueblo del interior andaluz, donde se venera la memoria de don Antonio Machado, que allí fue maestro. Sus monumentos convierten esta bellísima ciudad en una especie de Salamanca del Sur. Se llega desde cualquier sitio de España, pero España no aligera el trayecto que nos transporte a tanta belleza histórica.

Por darles una orientación somera del descuido que castiga esta belleza digamos que el tren que te lleva de Madrid a Baeza tarda cerca de cuatro horas en hacer un trayecto que otras distancias se tragan en la mitad. Se pasa este tiempo en vagones sin gracia que animan a saltar del tren para volar con alas prestadas. Otro horror es la ausencia completa de bar, así que si no eres previsor harás el trayecto con la sed que trajeras de casa.

En fin, en ese lugar tan bello, y tan mal atendido, nos dio al director del Cervantes y a unos amigos por hablar de fútbol. Algunos de los presentes no afearon esa tendencia, pues el fútbol tiene peor prensa que nunca. La razón de este desdén público por algo que nos gusta tanto tuvo esos días de Baeza una razón que García Montero, que es tan madridista como yo barcelonista, puso de manifiesto en cuanto supo, por mí precisamente, que Casemiro se iba del Real Madrid.

Hay razones, claro, personales, futbolísticas, y sobre todo económicas, de largo o de corto plazo, que invitan a pensar que Casemiro no tenía otra alternativa, quizá porque era previsible que su equipo no iba a renovarle a su gusto. Independientemente de razones, sentimentales o económicas, lo cierto es que alguien que tanto hizo por su exequipo, que lo tuvo en la cantera y le dio tantos títulos, se va de la noche a la mañana. Habrá agasajos y vendrá seguramente otro que hará mejor al que se fue. Pero…

El fútbol está tan obligado a vivir en torno al dinero que, decía García Montero, “dan ganas de borrarse”. Es imposible que nos borremos, porque el fanatismo pasa por encima de cualquier enfado grande o momentáneo. Pero es verdad que lo que está pasando con esa mezcla de negocio y pasión que constituye este deporte que admiramos está perdiendo el glamour del viejo para ser una pasión que otros deletrean barajando billetes. De ahí ese grito, a favor de la pasión que hace gritar ante este desmadre: ¡Cuiden el fútbol, carajo! Ah, y cuiden Baeza.

Leave a Reply

Your email address will not be published.