Algo chirría en el fútbol femenino…, por Joaquín Luna

Voy a ser despiadada”. Buen título para una novela que nadie ha escrito. Y, sin embargo, real como la vida misma, como diría Don Pío. La frase, en un sumario de la policía francesa, forma parte de un mensaje de la futbolista del PSG Aminata Diallo, dedicado a su compañera de equipo y exazulgrana Hamraoui. “Si yo fuera mala, celosa, calculadora como ella… le diría a un pariente que la destruyera (…). Ahora voy a ser despiadada”, señaló poco antes de contratar a unos “desconocidos” para que la lesionaran con una barra de hierro. A eso se le llama dar un susto de muerte. Las heridas le parecieron poco a Diallo, presente, a quien se le atribuye otro mensaje urgente a los agresores: ¡no le han roto la rótula!

Aminata Diallo y Kheira Hamraoui durante una comida en Dubái

LV

Diallo está en prisión desde el viernes y hasta aquí el personal episodio, muy lamentable, por cierto, para desdoro de los esfuerzos por situar al fútbol femenino en un plano de igualdad, en el contexto social de la igualdad de género. Los tiempos han cambiado y ya nadie sermonea –como me tenía que oír de joven– con lo de que el fútbol era el opio del pueblo. Lo progresista era ciscarse en el balompié y dar por hecho que las nuevas generaciones –más cultas, educadas y racionales– abandonarían tan nefasta afición, identificada con tribalismo y estulticia.

El “voy a ser despiadada” es personal; las cabezas de entrenadores que exigen las futbolistas, no lo es

Bienvenido sea el auge del fútbol femenino y los esfuerzos por promocionarlo. El problema aparece –una tribuna de opinión es eso, opinión personal de la que la firma– cuando surgen episodios –y ya llevamos unos cuantos– en los que los valores extradeportivos que justifican la equiparación con el fútbol masculino –salarios, por ejemplo– quedan en entredicho. Y la opinión pública pasa de puntillas, como hacían los árbitros en las áreas del Baronense, el Granada o el Pasarón, allá en Pontevedra.

En el capítulo de noticias que chirrían uno sitúa la opaca salida por la puerta de atrás del FC Barcelona de Lluís Cortés, que abandonó su puesto tras ganar un triplete sin precedentes: Liga de Campeones, Liga y Copa de la Reina, en el 2021. Solo consta que las jugadoras pidieron su cabeza –¿por qué motivos?– y el club la entregó. Lo curioso es que Cortés había reemplazado dos años y medio antes a Fran Sánchez, cuyo salida del banquillo respondió… a exigencias de las jugadoras.

La transparencia es un valor al alza en estos tiempos: nadie conoce las verdaderas causas de la salida de Cortés. Y nadie ha abordado el misterio como se habría hecho con el equipo masculino. Este agosto, las capitanas de la roja pidieron la cabeza del seleccionador Vilda, a meses del Mundial, otro episodio de traca. La igualdad futbolística no pasa por el secretismo paternalista…

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